Cementerios de la Chacarita, Británico y Alemán.
Breve historia
La idea de hacer un cementerio en lo que hoy es el barrio de Chacarita surgió en 1871, con la epidemia de fiebre amarilla. Los lugares que ya existían empezaron a quedarse sin espacios, rechazando eventualmente inhumaciones de víctimas de la fiebre, sumando las clases humildes a las filas de discriminados póstumos que ya conformaban los “disidentes”, la población no católica que era cada vez más abundante en el país.
Gracias al afluente inmigratorio de países protestantes, y el rol social ocupado por ellos, mayoritariamente comerciantes, maestros y profesionales (lo que podríamos considerar hoy los primeros brotes de la clase media del país) ya para 1820 habían conseguido la concesión para inhumar a sus difuntos, en la calle Juncal, lindando con la Iglesia del Socorro Trasladado en 1833 a la calle Victoria, hoy Hipólito Yrigoyen y Pasco, hasta 1892, a la actualmente Plaza 1° de Mayo.
Con estos antecedentes, en 1887 el estado argentino, que para entonces abría sus puertas a los ciudadanos del mundo sin distinción de origen o credo, destinó unas cinco hectáreas de lo que hoy es el Parque los Andes para lo que se conoció como el Cementerio Viejo
En 1892, se concedieron allí a perpetuidad dos predios diferenciados para los protestantes, lo que hoy se conoce como Cementerio Británico y Cementerio Alemán.
Luego comenzaron a realizarse las inhumaciones en lo que se denominó "Chacarita Nueva" y luego "Cementerio del Oeste", hacia 1896.
Su construcción generó una expansión del barrio, que hasta el momento era un predio estudiantil, y la apertura de nuevos negocios. Florerías, bares, y las herrerías donde se realizaban los trabajos en las bóvedas. Se creó el Tranvía Fúnebre para llegar al cementerio desde la llamada Estación Fúnebre, actualmente barrio de once, donde se recibían los ataúdes.
Dentro de estos lugares históricos descansan los restos de personajes reconocidos de la historia y cultura popular, tanto del país como del extranjero. Desde orquestas enteras de tango hasta héroes de guerra nazi, pasando por escritores y figuras religiosas a las que aún se les rinde tributo, estos predios albergan la población mortuoria más grande del país, siendo también uno de los cementerios más grandes del mundo.
Análisis y relevamiento fotográfico
Predomina una paleta monocromática, mármoles de negro incorruptible y blancos sucios por el paso del tiempo, son los materiales por excelencia de las estructuras y ornamentaciones mortuorias.
La naturaleza y las flores, naturales o artificiales, contrastan con esa neutralidad. Ese contraste hace que uno no se olvide de donde está.
Sus clásicos estilos arquitectónicos y escultóricos; del neogótico, neoclásico y art decó emplazados en las secciones principales hasta el minimalismo eficiente (forzado por la falta de espacio y recursos para rendir culto a los muertos) nos transportan en una línea del tiempo cuyo génesis se encuentra en el siglo XIX, cuando el contacto con la muerte era algo necesario para la psique humana en su rol expiatorio de miedos y clarificador del destino unívoco de la vida.
Tal como sucede con los barrios de los que aún viven, en la morfología de la necrópolis podemos dar crédito de las distionciones de clase. Apenas se ingresa al perdio, sobre avenida corrientes, lo primero que encontramos son las “tumbas célebres”, un paseo de un par de calles por el barrio final de los personajes más destacados de la población mortuoria. Allí, a diferencia del resto del predio, es permitido sacar fotos, cosa que está vetada para el resto de las tumbas, las no famosas, a las que se preserva en su privacidad.
Adentrándonos más, encontramos el distrito de mausoleos, que se elevan como distinguidos caserones de un silente barrio privado. Enrejadas muchas, profanadas otras, y abandonadas otras tantas, estas estructuras no solo nos hablan de la filiación social y económica de quien las habita, sino también de la evolucion en el tiempo de esa pertenencia de clase; esculturas de ángeles languideciendo sin alas, ataúdes abiertos, cartelitos de papel que rezan “falta reja”, denotan que la sensación de inseguridad de la propiedad privada asecha también en el plano de trascendencia.
Sigueindo el recorrido, entramos a la zona residencial, donde se emplazan una suerte de enormes mansiones mortuorias. Mas allá, las tumbas departamentadas nos remiten a un edificio de monoambientes.
Alejado de todo encontramos los subirbios, las tumbas en la tierra. Desde mausoleos miniatura hasta humildes cruces blancas y lápidas sin nombre. Las analogías sociales están de más.
Allí nos topa un agente de la ley pidiendonos que borremos las fotos de las tumbas particulares, las “no famosas”, a las que “se le debe respeto”, “porque para eso está el distrito de las estrellas”, comenta.
Para ingresar a los otros cementerios hay que salir de la populosa chacarita católica.
Entrando sobre avenida el cano encontramos el cementerio Británico. La idiosincracia inglesa reviste con su mística todo el lugar, transportándonos a un espacio tiempo habitado de herencias druidicas, masónicas y tupidos árboles de su caracteristico verde oscuro. Hay muchas menos cruces que en el primer cementerio, y ninguna de ellas tiene al cristo cadavérico en su silueta, dando testimonio de las sutiles diferencias de criterio que originaron la separación entre católicos y protestantes.
Los claroscuros aquí no son sociales, no hay mausoleos, ni tumbas pobres. Tampoco personas visitándolas. No hay sensación de inseguridad, pero el ambiente es mucho más denso y sepulcral.


La visita allí, por cuestiones demográficas, es mucho mas breve. Saliendo del predio y siguiendo por avenida El cano, ingresamos al cementerio Alemán. El edificio central reza "Selig sind die Toten, die in dem Herrn sterben" ("Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor").
Es aún mas íntimo, pero espacioso e iluminado, que el Inglés. Vemos muchas menos cruces, e inclusive hay tumbas que, invocando al paganismo más primigenio, están emplazadas sobre piedra virgen. Abundan las runas, águilas, cruces de hierro y los símbolos del trabajo, huellas de la cultura apropiada por el nazismo. Aún se puede ver en las tumbas, los restos de las esvásticas hoy limadas y pintadas, de los héroes de guerra nazi. Sobre un costado, el único mausoleo es un gran obelisco negro escoltado por un águila imperial.
Conclusión:
En el contexto actual, donde los parques mortuorios son paisajes minimalistas, cubiertos de pasto y lápidas escuetas, ausentes de parafernalia mítica y grandilocuencias arquitectónicas, los cementerios de Chacarita nos pueden resultar chocantes en su explícito, y un poco kitsch, homenaje a la vida eterna. Tal vez ese sea el motivo por el cual sus calles están desoladas; incluso en fechas como el Día de los Muertos, que antaño supieron congregar miles de personas que el primero de noviembre encontraban necesario homenajear a sus muertos, honrar sus vidas, meditar sobre cuestiones existenciales tal vez con sólo poner una flor bajo un apellido compartido.Es vox populi ya el estado de abandono del lugar, que es escenario de la vida de muchos seres vivos devenidos en muertos sociales, invisibilizados por la naturalización de las condiciones de vida infrahumanas que, irónicamente, encuentran refugio en los vestigios de la desnaturalización de algo tan homogeneizador como es la muerte.
El enajenamiento de los rituales de transición, la secularización del pensamiento mítico, el rol de la ciencia en la calidad de vida humana y sus consecuencias ideológicas, nos han dejado otra vez temerosos y angustiados ante el fin de la vida, que no es otra cosa que una manifestación más de su misteriosa y mágica dinámica natural.
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Cementerio_de_Chacarita
http://es.wikipedia.org/wiki/Cementerio_Brit%C3%A1nico_de_Buenos_Aires
http://www.cementerioaleman.org.ar/
http://xbsas.com.ar/2014/06/04/un-paseo-poco-habitual-el-cementerio-aleman/





















